Abordar temas como violencia, niñez y adolescencia, entre otros temas sociales, no son para cualquiera. Requieren cierto temple pero sobre todo preparación y “calle” de quienes pretenden resolver situaciones conflictivas.
No es novedad que la problemática se multiplica en los diferentes
barrios y se podría interpretar como que algo está fallando en el abordaje. En
ese contexto, cabe preguntarse si la gente que está a cargo de abordar esa problemática
está capacitada.
Lamentablemente, hace unas semanas me tocó vivir una
situación que implicó la intervención del área municipal y previas
comunicaciones telefónicas, acudí a una entrevista a la sede en Francia y
Errecalde, al norte de la ciudad.
Me recibieron después de las 14 horas en una tórrida
siesta en la que planteé la situación ante dos personas jóvenes cuyos nombres mantengo
en reserva y su actitud sólo se limitó a escuchar y hacer anotaciones. La entrevista
cerró con un número telefónico (para wsapp) a mi disposición en cualquier hora
del día y debería aguardar una próxima entrevista.
Pasaron 10 días y nadie se comunicó por lo que decidí enviar
un wsapp que en dos días no tuvo respuesta. Ante mi insistencia, recibí una
pregunta ¿con quién desea comunicarse? A lo que respondí con los nombres de mis
entrevistadoras. Volvieron a pasar 48 horas y nadie daba señales por lo que
endurecí mi postura y cuestioné la actitud y lo que interpreté como falta de
capacidad de las empleadas.
En 24 horas tuve respuesta, invitándome para asistir a
una nueva entrevista con otras funcionarias, lo que deseché por considerar que
o no están capacitadas o están desbordadas y por eso no pueden atender todas
las causas. No tenía sentido acudir a relatar otra vez mi problema.
Insisto, los temas sociales son muy delicados y requieren
predisposición y rápido tratamiento, lo que no ocurre en el ámbito de la
municipalidad de la capital. Mientras intento resolver la situación que me
involucra me pregunto cómo hará la gente que no puede plantear públicamente
este tipo de situaciones y recuerdo la reflexión de un filósofo urbano que dijo
“estamos como estamos porque somos como somos”.
Agradezco la publicación.
Tomás Elvino Blanco

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